• Juan Carlos Bondi

El volcán del mal

Hoy venimos a contarte algo diferente. Algo de lo que estamos seguros que nunca escuchaste, pero que sin dudas te va a atrapar desde el principio hasta el final. Esta leyenda te va a hacer viajar a un lugar lleno de magia: al increíble volcán Lanín, ubicado en la provincia de Neuquén. Volcán que incluso, hoy en día, permanece activo.



Cuenta la leyenda que, hace muchos años, vivía en la cumbre del volcán el Dios Pillán, quien, aunque era justo y defensor de la naturaleza, era llamado “el Dios del mal”. Como era el dueño de la montaña, no quería que nadie nunca se acerque a ella.

Sin embargo, un día la tribu de Huanquimil llegó a la cima persiguiendo huemules, animal del cual esta tribu se alimentaba, y muy enfurecido por esto, Pillán desencadenó una tormenta en la que el volcán empezó a arrojar lava, humo, llamas ardientes y cenizas. La población, aterrorizada por esto, decidió preguntarle que hacer al brujo de la tribu, ya que su opinión resultaba indispensable para llevar adelante cualquier acción. El brujo decidió tomarse varios días, aislado de toda la población, para pensar la solución a este problema.

Una vez transcurrido el tiempo necesario, el brujo llegó a la conclusión de que, para calmar la ira de Pillán, la única solución era sacrificar a Huilefún, la hija menor del cacique de la tribu de Huanquimil, una joven muy bella y muy querida por todos. Además, sus restos tenían que ser arrojados en la hoguera del volcán. A pesar de su angustia, el cacique no tuvo más remedio que aceptar esto, ya que fue él quien había dado la orden de perseguir los huemules hasta la cima de la montaña. El encargado de llevar a la princesa Huilefún y de realizar el sacrificio iba a ser el hombre más joven y más valiente de la tribu, Quechuán, a quien el brujo le explicó todos los pasos a seguir.

Cumpliendo con el mandato, Quechuán cargó a la princesa en sus hombros y la llevó hasta el lugar de la montaña donde soplaban los vientos de Pillán con más fuerza. La princesa fue abandonada en soledad. Inmediatamente después de esto, Quechuán vio acercarse en un impresionante vuelo a un cóndor, que en sus ojos reflectaba llamaradas de fuego. El cóndor tomó a la joven con sus garras, y elevándose con ella, la arrojó al centro del cráter. Después de esto, unas enormes nubes ocultaron el cielo y una gran nevada cubrió la hoguera. Se dice que la muerte de Huilefún logró calmar para siempre la ira de Pillán.

Desde entonces, el Lanín es un volcán apagado, y sus fuegos permanecen escondidos abajo de su gran cúpula blanca. Incluso, en la actualidad, la comunidad mapuche que aún habita en esas tierras, se rehúsa a hacer expediciones hacia el volcán. Esta comunidad, al igual que muchos de los residentes de pueblos cercanos a él, consideran que es un lugar sagrado y que visitarlo podría despertar la ira del Dios del Mal, generando así una nueva erupción volcánica. Y vos, ¿Te animarías a realizar una expedición por el volcán?


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